De los datos construimos conocimientos, de los conocimientos formamos saber, y con el saber podemos tomar decisiones poderosas.
La Ciencia de Datos no es magia. Tampoco es ciencia.
A lo largo de mi experiencia profesional, me he dedicado de una u otra forma a manipular información. Mi trabajo siempre ha consistido en tomar fuentes de información para transformarlas, luchar con ellas, enmarcarlas para que tengan sentido y presentarlas para hacerlas más comprensibles. Convertirlas de bases de datos a español sencillo, haciendo que esa información hable tan claramente para el ingeniero como para el gerente o el vendedor.
En muchas ocasiones, encuentro que este rol y esa labor en general son bastante mal entendidos, y a veces incluso ignorados. En el afán diario de cualquier empresa, los procesos centrales tienden a tomar una relevancia excesiva por su naturaleza inmediata, y los menos urgentes dan un paso atrás en la jerarquía de relevancia. Hubo muchas ocasiones donde mis colegas, jefes (¡o yo mismo!) ignoramos los datos frente a nosotros y tomamos decisiones con el corazón, las tripas, o incluso la cabeza si teníamos suerte, pero sin los datos - y sin datos, ningún órgano puede dar en el blanco.
Desmitifiquemos la magia detrás de la ciencia de datos
Por esa misma razón, también caemos en dejar toda mejora tecnológica para el (no tan) cercano futuro. Todavía recuerdo la cara que pusieron cuando sugerí cambiar del viejo Excel a Python para hacer mi trabajo en uno de mis primeros empleos. ¿Quién tiene tiempo para eso? ¿No teníamos que hacer la presentación para el equipo de Marketing? ¿Qué diablos es Python? Y así, muchas organizaciones dejan pasar los días, dejando la modernización para mañana. Seguramente todos hemos participado en esta procrastinación particular: aun sabiendo que el mundo se mueve tan rápido, dejamos nuestro afán de ponernos al día para después. Ahora mismo hay otras cosas que atender.
El problema es que hoy en día no podemos darnos el lujo de ignorar los datos ni de evitar el desarrollo tecnológico. Los datos son nuestros ojos para la toma de decisiones, y la tecnología nuestras manos para llevar esas decisiones a cabo. El hecho de que esta realidad sea tan simple de explicar pero tan fácil de olvidar es lo que me ha llevado a la razón de esta serie de artículos: “La Ciencia de Datos” está mal explicada, no mal entendida. En otras palabras, el hecho de que el trabajo de este alquimista de la información sea ignorado NO es culpa de las organizaciones en su afán diario. El culpable es ese mago y todo su gremio, que en su afán por mejorar sus hechizos y pociones tienden a olvidar que la parte más relevante de su trabajo no es hacer magia, sino explicar el truco.
Por lo tanto, he decidido relatar, en lenguaje para personas, cómo exactamente se realiza esta tarea de cazar información, cocinar información, servir información y comérsela al dente. Y también, explicar por qué este proceso no es exclusivo de los “Científicos de Datos”, ni de los ingenieros, mucho menos de los estadísticos u otros hechiceros. Finalmente, contar el secreto mejor guardado de ese aquelarre del que hago parte: Esta magia es menos ciencia, y más arte.